Sustentabilidad
La crisis climática no sólo afecta al medio ambiente
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Imagen cortesía de ⓒDaoudi Aissa.
El efecto del calor puede observarse en cambios en el comportamiento y las emociones.

Además de alterar los paisajes y el clima global, el cambio climático está transformando algo mucho más cercano y personal: tu cerebro. En el libro The Weight of Nature: How a Changing Climate Changes Our Brains, Clayton Page Aldern, ex neurocientífico y ahora periodista ambiental, revela la compleja interacción entre la mente humana y el entorno en constante cambio.

El calor es uno de los factores que tiene un impacto directo en nuestro comportamiento. Se ha observado que las altas temperaturas pueden aumentar la agresividad y la impulsividad en animales y humanos. Por ejemplo, en los días más calurosos, los lanzadores de beisbol tienen más probabilidades de golpear a los bateadores con la pelota, y los jueces de inmigración tienden a rechazar más solicitudes de asilo. Aldern sugiere que este comportamiento puede estar vinculado a la forma en que el calor afecta la serotonina, una sustancia clave para regular estro estado de ánimo.

El calor puede afectar la función de la serotonina en el cerebro, lo que incrementa la agresividad y la impulsividad.

Otro impacto menos visible pero igualmente preocupante del cambio climático en el cerebro es la expansión de enfermedades neurológicas. A medida que las temperaturas aumentan, los patógenos y vectores de enfermedades migran a nuevas áreas. Enfermedades como la encefalitis japonesa y el zika, transmitidas por mosquitos, están encontrando nuevos territorios donde prosperar.

La salud mental también está íntimamente ligada a la salud del planeta. Aldern señala que la ansiedad ecológica —el temor constante a las catástrofes climáticas— afecta cada vez más a las personas, especialmente a las generaciones más jóvenes. A esto se suman los trastornos de estrés postraumático que sufren las comunidades afectadas directamente por desastres naturales como huracanes o incendios.

Frente a este panorama, Aldern propone una herramienta poderosa: la práctica de la atención plena o mindfulness, que puede mejorar la capacidad de regular las emociones y reducir la impulsividad, contrarrestando algunos de los efectos negativos que el cambio climático tiene sobre nuestras mentes.

En última instancia, entender cómo el cambio climático está afectando nuestro cerebro nos permite ver con mayor claridad los costos humanos de la crisis climática. No se trata solo de preservar el planeta, sino de proteger nuestras mentes en el proceso.

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Imagen cortesía de ⓒAndrea Piacquadio.

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