Dormir adecuadamente es una necesidad básica para mantenernos en un estado óptimo. Sin embargo, a menudo se pasa por alto o se sacrifica el descanso en aras de cumplir con las demandas de trabajo, estudio y responsabilidades familiares. Para mejorar la calidad de vida, lo ideal es tener horarios regulares de descanso —es decir, dormir y levantarse a las mismas horas todos los días—, no menos de seis horas en cada ocasión.
La constante falta de sueño provoca alteraciones en nuestra vida cotidiana que van desde hipersensibilidad a la luz hasta agotamiento crónico, falta de concentración y problemas gástricos. Además, se pueden presentar cambios en el apetito —éste aumenta durante el día, lo que favorece el consumo de alimentos muy dulces o con muchos almidones para compensar la falta de energía—, con el consiguiente aumento de peso y el deterioro en la salud, en un ciclo que se torna nocivo.
Durante el sueño, nuestro cuerpo lleva a cabo procesos de reparación celular, fortalece el sistema inmunológico y consolida la información aprendida durante el día. Asimismo, el descanso adecuado está directamente vinculado con la reducción del estrés y la ansiedad, lo que impacta positivamente en nuestra salud mental.
Entre los factores que pueden afectar la calidad de nuestro sueño se encuentran trastornos como el insomnio —la dificultad para conciliar el sueño—; la hipersomnia —tener mucho sueño durante el día y dormir de más en la noche—; las alteraciones en los ciclos de sueño, o enfermedades como la apnea obstructiva del sueño o el síndrome de piernas inquietas, que nos impiden descansar bien.
Para contrarrestar estos problemas, se recomienda:
Adoptar hábitos saludables de sueño no solo nos proporciona energía para enfrentar el día a día, sino que también fortalece nuestro cuerpo y mente, contribuyendo a una vida plena y equilibrada.